Para disgusto de mi madre, llevo viendo la Gala de los Oscars en directo desde que tengo uso de razón. Décadas después aquí me encuentro, con unas ojeras de escándalo que como cada año merecen la pena aunque poca gente me comprenda.
Después de varios presentadores de televisión, la Academia ha vuelto a elegir a un actor para conducir la Ceremonia. Nada más ni nada menos que al hombre más sexy del mundo según la revista People. Y muchos somos los que nos hemos alegrado de tal decisión, Hugh Jackman ha recuperado el dinamismo, comicidad y musicalidad de las Ceremonias de Billy Cristal (al que tanto hemos echado de menos en los últimos años). Porque "lobezno" no sólo es guapo, por si fuera poco es simpático, irónico, canta y baila (y todo ello con smoking incluido, toma ya).

Pero si el presentador ha sido el gran protagonista de la noche (sus números musicales darán mucho de que hablar os lo aseguro), yo me quedo sin duda con la gran (y maravillosa) novedad de las presentaciones de los candidatos al Oscar por interpretación.
Si ya era una tradición que el ganador del Oscar al mejor Actor del año pasado se lo diese a la Mejor Actriz de este Año y viceversa (motivo por el que más de uno estaba preocupado por el desamparo de Penélope por la falta de asistencia de Javier Bardem a la gala), los organizadores de la Ceremonia se han sacado un nuevo “modus operandi” que por mi puede romper definitivamente con décadas de tradición.
Este año el premio a una actriz era presentado y entregado no sólo por otra actriz, sino… ¡por cinco! No puedo expresar en palabras lo que se siente al ver sobre el mismo escenario a Sofia Loren, Shirley McLaine, Halle Berry, Nicole Kidman y Marion Cotillard o a Robert de Niro, Ben Kingsley, Michael Douglas, Adrien Brody y Anthony Hopkins pocas veces me he sentido tan emocionada al escuchar a esos monstruos de la gran pantalla diciendo cosas tan increíbles de los nominados.

Respecto a los premios poco tengo que decir. Los Oscars son mi ceremonia favorita, pero también la más predecible:
Sabía que la fabulosa Slumdog Millonaire sería la gran triunfadora de la noche.

Que Penélope traería el Oscar a España (su papel de Maria Elena era ló único bueno de una pésima Vicky Cristina Barcelona).

Y que Head Ledger sería un nuevo Oscar póstumo (como curiosidad decir que es la primera vez, desde el numerito que se montó con la india de Marlon Brando, que la Academia permite a otra persona que no sea la premiada recoger el Oscar, en este caso a la familia del malogrado Joker)

Kate Winslet impecable en su YSL prometía ser la reina de la noche y no defraudó con su emotivo discurso. Personalmente creo es un premio injusto, y no por lo de actriz, ya que está en su mejor momento, sino porque que considero al igual que se hizo en los Globos de Oro que su papel en “El Lector” es secundario (No así el de “Revolutionary Road” por el que si se lo merecía como actriz principal).

Para mí (y para muchos) la gran sorpresa de la noche vino de mano de Sean Penn (mi actor favorito junto con Meryl Streep) que este año realmente no se merecía la estatuilla. Si alguien era digno de tal galardón era Mickey Rourke por su desgarrador “the Lamb” o mi favorito de la noche Langella por un Nixon insuperable.

Pero los Oscars son así, injustos por naturaleza. Premian tarde y a destiempo, recompensando injustamente. O alguien puede explicar ¿por qué después de peliculones como Taxi Driver, Uno de los nuestros, Casino o Gangs of New York, Martin Scorsese se llevó el Oscar por un remake de 2ª división como “Infiltrados”?

Pues este año más de lo mismo. Si en su día “Brokeback Mountain” fue despreciada por la Academia a favor de una vulgar “Crash”. Y si un año tocó una Gala Afroamericana, este año tocó una Gala Homosexual (lazos blancos reivindicando el matrimonio gay incluidos) en compensación por el desprecio realizado en su día al fantástico western de Ang Lee.
Por eso mi adorado Sean se ha vuelto a casa con un Oscar más.Por cierto, que alegría volver a verlo de la mano de la maravillosa Robin Wright ¿verdad?

Y hablando de cotilleos… El detalle “morboso” de la noche vino de la mano del contraplano de Brad y Angelina cuando Jennifer Aniston estaba presentando un galardón.
Respecto al vestuario, decir que ha sido una de las Ceremonias más sosas de los últimos años.
Considero que el vestido de Penélope era una obra de arte, aunque en un color que no le favorecía al igual que ese collar y esos pendientes.

Sin duda ha sido el año de los palabras de honor: Anne Hathaway, Jessica Biel, Amy Adams, Nicole Kidman, Natalie Portman, Sarah Jessica Parker … todas apostaron por los vestidos palabra de honor (un fenómeno a estudiar de esta ceremonia) y la mayoría de ellas en tonos blancos o beige.

Excepciones como las de Halle Berry, Beyonce o Angelina Jolie, que aunque también se decantaron por el palabra de honor apostaron por un clásico negro.

Yo personalmente mataría por las esmeraldas que llevaba Angelina, bueno, no sólo por las esmeraldas sino por como le favorecían (que envidia de mujer y de pareja).

Un año más, otra gala, y unas nuevas ojeras. Alegrías y decepciones (mi querida "Wall-e" se merecía mucho más). Pero así es Hollywood y así son los Oscars: la gran (y muchas veces injusta) noche del cine. ¿Y quien soy yo para criticarla? Porque como dicen en Pamplona el día del Pobre de mí... ¡Ya queda menos para los Oscars 2010!